Como decíamos ayer…

By venusina

He vuelto después de una ausencia veraniega. He vuelto y aquí me pongo a cantar al compás de la vigüela, que al ave que lo desvela una pena extraordinaria como el ave solitaria, con su cantar se consuela. Decía que la Expo llegó a su fin y la semana pasada me regalaron una entrada para su último sábado, día de cierre de su agenda de conciertos con Andrés Calamaro en el anfiteatro. De todos los posibles artistas lo eligieron a él y no quería perderme la oportunidad de verlo en vivo, una cuestión pendiente desde chica, cuando estando en casa de unos amigos de mis padres, allá en Neuquén, veía cómo el hijo mayor y sus amigos iban a ver a “Los abuelos de la nada”. Esa tarde quise ser de pronto adolescente para poder saltar esa barrera que me dejaba fuera de aquello que se presentía emocionante y tribal. También era muy chica para asociar a Hebe Rosell con Andrés, pero todo aquello lo supe mucho después.

Ahora, en Zaragoza, pasada hace tiempo mi propia adolescencia, pude escucharlo en vivo. Llegué a las 4 de la tarde a la cola y me encontré con algunos amigos argentinos que estaban unos metros más adelante. El concierto estaba programado para las 23:30, pero la espera valió la pena. Andrés apareció de traje y echarpe con brillos, y arrancó, para desilusión de quienes esperaban “A los ojos”, con un tema de “La lengua popular”. Después de la segunda canción anunció que arriba (en el escenario) estaba soplando un viento algo “fresquete”. El cierzo lo estuvo bautizando en la fiesta maña pero por suerte abajo no lo sufrimos tanto. En alguna otra pausa mencionó con pesar la muerte de Guille Martín (quien falleció de cáncer en Zaragoza) y de uno de los trabajadores de la Expo, pero siguió “con esperanza” paseando el repertorio por varios de sus discos. Se puso el cachirulo a petición de los maños y hasta se tomó un mate para paliar el frío. A mitad del espectáculo anunció un invitado y apareció en escena Jaime Urrutia. Sí señores. Es difícil explicar la emoción de poder verlos juntos como escuchar “El calor del amor en un bar” y “Todavía una canción de amor”. También subió Niño Josele, con su guitarra andaluza para acompañar alguna canción. Terminó el concierto y nos encontramos con quienes no pudieron disfrutar el recital desde dentro y que no fueron pocos. El viento frío nos espitó al centro de la ciudad, a comer y a dormir para recuperarnos. Para mí esa fue la despedida de la Expo y más no puedo pedir. Cada cual tendrá, y esto es inevitable, amor, odio o indiferencia ante Calamaro. Me inclino por el amor, después de que sus canciones fueron marcado una muesca a lo largo de diferentes etapas de mi vida; personas, momentos, sensaciones, remansos en los que no he podido dejarlo fuera. Tampoco era mi intención. Como decíamos ayer, he vuelto, aunque sinceramente nunca me fui.

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4 comentarios para “Como decíamos ayer…”

  1. Luciano Dice:

    Bienvolvida de todas maneras.
    Qué bueno, Calamaro, yo le tengo cariño también.
    Cuánto que duró la Expo.

  2. Malen Dice:

    También me inclino por el amor por Calamaro, y también coincide con recuerdos. Qué bueno tener otro recuerdo nuevo con él, no? Buen retorno el tuyo. Un besote

  3. venusina Dice:

    Luciano, gracias por la bienvenida che. ¿Cómo dice que le fue en Cerdeña?
    La expo duró mucho, si si.

    Malen, ahora voy a recordar a la nueva banda de argentinos que conocí. Me cuidaron como unos caballeros la verdad.

  4. Luciano Dice:

    Muy bien en Cerdeña, comí como el Duque de Wellington y me tiré a hacer la plancha en aguas que pensé jamás vería.
    Con tantos cabalieros, no pensaste en abrir una Orden de?
    cuec

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